EL JUICIO POLÍTICO CONTRA TRUMP Y EL FACTOR UCRANIA

 

Rodrigo Bernardo Ortega – laotraopinion.net

Se confirmó lo que desde hace varios meses ya habíamos pronosticado: Ucrania se convirtió en el Estado Satélite de la Casa Blanca. Desde las épocas de Petro Poroshenko, Kiev había dado un giro completo en su política exterior, alejándose de Rusia y olvidando los lazos históricos que los emparentan. De hecho, Ucrania comenzó a acercarse a la OTAN y de paso, Estados Unidos, emprendió una agresiva campaña para inmiscuirse en los asuntos de Europa del este. Con la elección de Volodomyr Zelensky en la cabeza del ejecutivo, se pensó que la situación podría cambiar, pero no sucedió. De hecho, el presidente del que nada se esperaba, nada está haciendo. Por el contrario, el comediante se está graduando de títere por cuenta de su homólogo, el magnate-presidente, Donald Trump. Lo que complejiza la situación es que la relación Trump-Zelensky puede traer profundas consecuencias en el ámbito de la política internacional.

Todo comenzó con la transcripción de una llamada telefónica mantenida por ambos mandatarios el pasado 25 de julio. En ella Trump le pedía (o le ordenaba, mejor sea dicho) a Zelensky que promoviera una investigación por presunta corrupción en contra del hijo del candidato demócrata Joseph Biden quien trabajó en ese país en la industria del gas. El objetivo del magnate era crear un ambiente enrarecido de cara a los comicios del próximo año en donde Biden suena fuerte para llevarse la ficha demócrata. Sin embargo, el tiro le salió por la culata a Trump, pues no sólo el mundo entero vio su salida en falso, sino que se inició un juicio político en su contra que podría, eventualmente, llevarlo a la destitución. No obstante, será complicado que el proceso surta efecto, toda vez que el Senado es controlado por mayoría republicana y se necesitarían que al menos veinte senadores voten a favor del impeachment en contra de su presidente. Sin embargo, en política nada está escrito.

Como si se tratara de uno de los chistes a los que tiene acostumbrada a su audiencia, el presidente Zelensky aseguró que “nadie me presionó”, en referencia a su aparente obligación de llevar a cabo una investigación en contra de Joseph Biden y aunque ambos mandatarios buscaron minimizar el acontecimiento, ya el daño está producido. El presidente-comediante quiere aparentar ser un «participante involuntario en una tormenta política estadounidense», pero la realidad es que demostró que lo suyo es el servilismo a occidente y particularmente a las órdenes de la Casa Blanca. Zelensky es una pieza clave en el posicionamiento estratégico de las potencias occidentales en Europa del este y no pudieron encontrar un mandatario más útil a sus intereses: popular, inexperto y obediente.

Ucrania, sin embargo, tiene una posición vital para los intereses de los países más poderosos del hemisferio. Ubicada en las costas de los mares Negro y de Azov y su cercanía con otras potencias medias como Turquía, hacen de Ucrania una zona clave para la estabilidad de Eurasia. Con respecto a Estados Unidos, Ucrania representa una «fantasía geopolítica que le permite soñar con acercarse a las fronteras de Rusia en Europa, es un elemento clave para arrinconar a Moscú y sacarla del tablero europeo». Desde esta perspectiva, más allá del escándalo político que tendrá que sortear Donald Trump, la famosa llamada prueba una vez más que las ambiciones del Pentágono están puestas sobre el control del país que les abre la puerta al este de Europa. Y así Zelensky se esfuerce por negar lo inocultable, es claro que su gobierno será el punto de inflexión para la entrada de Ucrania a la Unión Europea y la OTAN, ambos peligros para la seguridad del continente y del mundo.

Ahora bien, la característica fundamental de la política exterior en la era Trump se basa en debilitar el multilateralismo mientras se fortalece el bilateralismo asimétrico como se muestra en estas circunstancias donde «Estados Unidos perdería un actor que debe entrar a reforzar la Unión Europea para que Rusia no se aproveche». Dicho de otra manera, el magnate-presidente busca tener, desperdigados por el mundo, vasallos que sigan sus órdenes sin el más mínimo asomo de duda. Ejemplos como Iván Duque en Colombia, Emanuel Macron en Francia y ahora Volodomyr Zelensky en Ucrania, dan cuenta de esta perspectiva asimétrica en las relaciones diplomáticas. No en vano, los casos de Kim Jong-un en Corea del Norte o Vladimir Putin en Rusia demuestran el fracaso de Trump por imponer su visión estrecha del mundo. El gran peligro que corre el oriente de Europa pasa por la inestabilidad que surgirá luego de que Zelensky entregue a su país con el propósito de “salvarlo” de un quiebre económico.

Con relación a lo anterior, todo lo que menciona el presidente ucraniano lo incrimina más. De acuerdo con sus palabras y luego de ser cuestionado sobre la influencia ejercida por Trump, manifestó que «no puede presionarme. Soy el Presidente de un país soberano. La venta de misiles anticarro de Estados Unidos no es un agradecimiento por la investigación del caso Joe Biden». Esto quiere decir, por su puesto, todo lo contrario. La ayuda que ha estado recibiendo el país eslavo está y continuará estándolo, condicionada con la información de inteligencia que Ucrania le brinde a la Casa Blanca. Todo ello demuestra, además, la poca capacidad de liderazgo e independencia que tiene Zelensky y augura un futuro político plagado de dependencia y falta absoluta de criterio.

Según el comediante-presidente, la Constitución de su país no le otorga al jefe de Estado competencias para indicar al fiscal general ni a ninguna otra instancia si investigar o no un caso particular. Sin embargo, no sería extraño que todo el aparato investigativo ya esté puesto en servicio de la campaña de desprestigio contra Joe Biden y su hijo. Si bien el deber ser de toda democracia es servir a la población y proteger sus derechos, es claro que Trump ha encontrado al perfecto idiota útil que le servirá como un investigador privado de cara a cumplir con sus ambiciones. Por su puesto, tendrá que esperar a que la tormenta política desatada en su país amaine un poco para luego disfrutar de los resultados de su presión e influencia. Hoy en día el presidente de Ucrania está preso en su propio país pues no tiene margen de maniobra, toda vez que poco más del 75% del PIB de la nación está hipotecado en deudas y sus entradas se resumen en la ayuda “humanitaria” que reciben de bancos occidentales que tienen capital alemán y estadounidense.

Mientras el juicio político en contra del presidente Trump continúa, se han conocido nuevos testimonios de funcionarios de inteligencia del país norteamericano que aseguran que el magnate estuvo detrás de la presión a Zelensky y que es muy probable que exista manipulación política para cumplir con sus objetivos. Dos agentes de inteligencia representados por el abogado Marz Zaid han asegurado que Trump recurrentemente forzaba a su homólogo ucraniano para que iniciara las investigaciones al líder demócrata. Estas declaraciones se suman a las graves acusaciones que han recaído sobre Trump y Zelensky y muestran una vez más que no hay nada de “inocente” o “accidental” en este caso. Es claro que el magnate-presidente se aprovechó de la inexperiencia de su par para forzarlo a realizar una investigación ilegal so pretexto de acabar o recortar la ayuda a través de cooperación y comercio que mantienen Estados Unidos y Ucrania.

El escándalo puso en evidencia la falta de preparación de Volodomyr Zelensky para asumir un cargo tan importante en el mundo político. Su única experiencia pública fue interpretar al presidente de la nación en la serie Servidor del pueblo y es todo. Por esa razón, su ausencia de experticia puede cobrarle factura y en los próximos años de su mandato puede seguir siendo manoseado por los líderes occidentales, repletos de ambición. El comediante-presidente creyó que dirigir a uno de los países más importantes del mundo eslavo sería similar a la novelada historia televisiva, pero es más que evidente que se equivocó. En cada declaración y acto público demuestra su total falta de preparación y el caso Trump lo deja muy mal parado ante la opinión pública que lo ha comenzado a acusar de vender la soberanía de su país.

Con todo, la conversación Trump-Zelensky provocó un revuelo en el mundo occidental. Por una parte, el mandatario norteamericano ha estado en el ojo del huracán a causa del inicio de un juicio político en su contra que podría terminar en su destitución, algo que según analistas resulta complicado de avizorar. Sin embargo, la conversación telefónica mostró que la política internacional de Trump tiene un estilo de bilateralismo asimétrico, esto es, una relación fundamentada en la supremacía de la nación norteamericana que busca Estados-vasallos más que socios estratégicos. La inexperiencia de Volodomyr Zelensky le ha jugado una mala pasada pues ha accedido a realizar una investigación ilegal en un espíritu de “cooperación” servil. Si bien el juicio político contra el presidente Trump es difícil de llevar a término, la situación envía un mensaje a propósito de la traición de la nación norteamericana como lo ha denunciado el partido demócrata. Por su parte, Zelensky demostró ser un mandatario sin criterio y se hunde cada vez más cuando intenta negar lo sucedido. Quizá esta situación sirva para cambiar nuestro apelativo de comediante-presidente al de presidente-títere.

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