Manual de instrucciones de las ‘revoluciones de colores’

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Una “revolución de colores” es una estrategia, inventada por la CIA, para tomar el poder por la fuerza en un país, utilizando manifestantes entre los que se han infiltrado grupos violentos y armados. También utiliza ONG, a menudo financiadas por el multimillonario estadounidense George Soros, para hacer propaganda a fin de influir en la opinión pública occidental para que apoye estas falsas revoluciones, que tienen la ventaja de parecer más legítimas que un simple golpe de Estado y que han sido utilizadas principalmente contra gobiernos desagradables para Estados Unidos.

El primer uso conocido de una “revolución del colores” para derrocar a un gobierno se remonta a 2002. Fue en Venezuela contra el Presidente Chávez, y casi lo logra. Desde entonces, muchos otros países han sufrido con más o menos éxito, como Tailandia 2006 (éxito), Tailandia bis 2008 (éxito), Ecuador 2010 (fracaso), Ucrania 2014 (éxito), Libia 2011 (éxito), Siria 2011 (fracaso), Hong Kong 2014 (fracaso), Tailandia ter 2014 (éxito), Brasil 2016 (éxito), Venezuela bis 2016 (fracaso), Venezuela ter 2019 (fracaso), Hong Kong bis 2019 (actual).

Una “revolución del colores” se produce generalmente en tres etapas:

1. Los manifestantes, a menudo manipulados por opositores y ONG sin escrúpulos, salen a las calles y exigen la dimisión inmediata del gobierno o del presidente electo. No aceptan ningún compromiso. Algunos están armados (no son manipulados y siguen un plan específico) y cuando la policía antidisturbios trata de impedirles el acceso a un lugar estratégico (como un palacio presidencial o una asamblea nacional) disparan o lanzan granadas a la policía tratando de disparar a tantos policías como sea posible. El objetivo es desencadenar una represión sangrienta en respuesta, que luego fue condenada por la prensa internacional.

2. A menudo, frente a los francotiradores o al lanzamiento de granadas que diezman sus filas, la policía responde disparando directamente a la multitud, lo que generalmente resulta en una matanza. A veces, conscientes del peligro, los gobiernos retiran a la policía de las calles, dejándola en manos de los manifestantes. Entonces, empujados por provocadores armados, atacan edificios públicos (ministerios, canales de televisión públicos), los ocupan y, a menudo, los saquean.

Fascistas tailandeses en la ‘revolución’ de 2008

3. Algunos elementos del ejército utilizan entonces el pretexto de restablecer el orden para tomar el poder del Estado y derrocar al gobierno. A veces son los propios manifestantes los que toman el control del Estado.

Las “revoluciones de colores” suelen tener lugar en Estados democráticos o parcialmente democráticos y donde hay una oposición parlamentaria cuyos miembros se unen a los manifestantes desde el principio de los disturbios. Los dirigentes de esa oposición parlamentaria serán nombrados, sin haber sido elegidos, como jefes de Estado en caso de victoria de la “revolución”.

Los cabecillas de esa oposición parlamentaria son generalmente reaccionarios (Venezuela, Ecuador) o directamente fascistas (Ucrania, Tailandia, Brasil) o incluso islamistas fundamentalistas (Libia, Siria). La mayoría de las veces, se benefician de la complicidad o benevolencia de Estados Unidos y de otros países imperialistas como Francia.

¿Cómo lograr que fracase una “revolución de colores”? La pura represión no funciona. Tan pronto como la policía comienza a disparar para defenderse, los proocadores armados que hay entre los manifestantes distribuyen armas a la muchedumbre y entonces la policía se encuentra en inferioridad de condiciones.

Actualmente, el único ejemplo de fracaso de una “revolución de colores” es la movilización de una multitud más numerosa de partidarios del actual gobierno que de los provocadores. Fue una movilización así la que salvó al gobierno de Chávez en Venezuela en 2002.

 

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