No va a venir nadie, ya están y no se van a ir… hasta echarlos

“…el proceso de proletarización en Europa de cada vez más capas sociales no tiene vuelta atrás, y esto está produciendo en la “clase media” que se descompone, en ausencia de procesos de combate contra el capitalismo en clave socialista, que se marque su carácter conservador, a veces fascista y en general retrógado lo cual se retro-alimenta con la aceptación de las reglas del juego de la democracia burguesa, el reformismo y la conciliación de clases codificada por el viejo progresismo o por el impotente neo-progresismo.”

*Borroka garaia da! (borrokagaraia.wordpress.com)

Una de las características que ha traído la crisis en Europa, y que ha venido para quedarse, es la pérdida de poder de todo tipo de gobierno de estado o regional. Aunque explicitado así puede llevar a la confusión, ya que podría surgir la pregunta de ¿adónde ha ido ese poder entonces? Y la verdad es que no se ha ido a ningún sitio.

El poder de un estado proviene de la clase que lo dirige, y nunca de los gobiernos que lo gestionan, siendo el poder de éstos siempre relativos a un terreno de juego ya marcado de antemano. Y ocurre que el terreno se ha estrechado. La única oportunidad que tiene un estado burgués para existir es que realice una serie de funciones que le brinda el poder económico y el mercado, y el único elemento que puede hacerlo sostener hoy en día es ya solo una política neoliberal, agotada la etapa socialdemócrata del capitalismo en Europa con la consiguiente desestructuración irreversible del “estado de bienestar”.

Y es que las crisis (incluida en la que estamos) no son cosas que puedan venir e irse, sino que cumplen efectos acumulativos persistentes, por eso la clase trabajadora lo ha pagado y ya parte de un punto de partida inferior con pérdida de derechos no recuperables en el nuevo contexto. Es por ello que todos los partidos que gobiernan en Europa hacen política neoliberal independientemente que digan ser de izquierda, de derecha o de ultraderecha. Y en un futuro esto no va a poder cambiar, salvo que un país decida salir de la UE y en clave socialista. Porque esa es otra, no existe ninguna clase dirigente en la UE que esté en condiciones de contradecir al poder de la UE, porque precisamente todo queda ya en casa para ellos.

De esta manera, el proceso de proletarización en Europa de cada vez más capas sociales no tiene vuelta atrás, y esto está produciendo en la “clase media” que se descompone, en ausencia de procesos de combate contra el capitalismo en clave socialista, que se marque su carácter conservador, a veces fascista y en general retrógado lo cual se retro-alimenta con la aceptación de las reglas del juego de la democracia burguesa, el reformismo y la conciliación de clases codificada por el viejo progresismo o por el impotente neo-progresismo. El cual está enterrado en Grecia en una lápida que pone Syriza pese a que sus clones finjan no haberse dado por enterados de la invitación al entierro.

Es en este contexto donde los gobiernos, las elecciones y los partidos de las democracias burguesas no han podido escapar al proceso de mercantilización de la vida, seña del neoliberalismo. Y ante esa pérdida de poder, la política en minúscula, cada vez es más un producto comercial para ellos, destinado a vender un producto, como empresas en competición, y el marketing de palabras como línea política banderiza cual afición a un equipo de fútbol, mientras los poderes reales marcan un juego que se desenvuelve sin demasiados problemas para que lo sigan pagando los pueblos y la clase trabajadora hasta que vuelvan a recordar aquello ya olvidado de que cuando la burguesía permite reformas con una mano siempre las retira con la otra o las reduce a la nada. Por eso nunca hay que aceptar el mal menor. Ya lo decía Gramsci hace 80 años, ““El concepto de mal menor es uno de los más relativos. Enfrentados a un peligro mayor que el que antes era mayor, hay siempre un mal que es todavía menor aunque sea mayor que el que antes era menor.Todo mal mayor se hace menor en relación con otro que es aún mayor, y así hasta el infinito. No se trata, pues, de otra cosa que de la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento regresivo, cuya evolución está dirigida por una fuerza eficiente, mientras que la fuerza antitética está resuelta a capitular progresivamente, a trechos cortos, y no de golpe, lo que contribuiría, por efecto psicológico condensado, a dar a luz a una fuerza contracorriente activa o, si ésta ya existiese, a reforzarla.”

Precisamente para que esa fuerza eficiente que nos jode la vida deje de serlo, la clave está en no transitar por el proceso de adaptación a un movimiento regresivo sino dar forma y cuerpo a una fuerza contracorriente activa.

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